lunes, 21 de julio de 2014


Cuando hablamos de valores nos referimos a algo que nos guía en la vida. Algo muy importante para todo lo que hacemos y también para lo que no hacemos. Algo que, tal vez, no podemos tocar, ver, oír o gustar materialmente. Pero que significa la diferencia entre sentirnos bien o percibirnos terriblemente miserables. ¿Qué es ese algo? Avanza y lo sabrás.
Los valores son luces en las oscuridades de la existencia. Nos permiten ver salidas en los laberintos. En las noches tenebrosas, donde nos sentimos y estamos solos con nuestros pensamientos y nuestros dilemas, nos anuncian el día, como el gallo convoca la aurora.
En las decisiones más importantes nuestros valores constituyen una guía. No deciden por nosotros pero nos ayudan a elegir lo mejor para nuestro ser. Aunque lo que escojamos luzca difícil, arriesgado o incluso peligroso. Los valores son principios que nos hacen mantener posiciones. Los valores nos caracterizan como seres humanos.
A veces parece que los valores no tienen que ver con lo práctico, con lo inmediato, con lo simplemente utilitario. Son percibidos, falsamente, como entidades que no tienen nada que ver con nuestro mundo lleno de imperfecciones. Pero esto tampoco es así. Los valores nos aportan soluciones aplicables a los problemas más inmediatos de nuestra cotidianidad.
En muchas ocasiones no logramos ver el camino para llegar hasta lo que queremos. O no sabemos cómo transitarlo de la mejor manera, para nosotros y para los que nos rodean. En esos momentos de incertidumbre los valores se constituyen baquianos por los territorios que aún no hemos explorado en esta tierra y por el resto del tiempo que nos queda de tránsito en el mundo.

Los valores son guías de la conducta de las personas.

Tal como lo dijimos, los valores constituyen un principio de conducta, una manera de ser y hacer, una guía para nosotros en todos y cada uno de nuestros actos. Como toda guía, nos muestran el camino, lo recorren con nosotros, pero no sustituyen lo que debemos hacer. Los valores deben ponerse en acción.
Son guías de conducta, porque se van a expresar en actos concretos de nuestra vida. Los valores no son simples formas de pensar alejadas de nuestro trajín diario. Los valores se prueban, se nutren, se fortalecen o decaen en el transitar del día a día.
Los valores no determinan el pensamiento único adecuado. No expresan la verdad absoluta sino acciones adecuadas en nuestra vida particular.
Son guías no materiales. Nunca se constituyen en seres de carne y hueso, aunque podamos encontrar personas que encarnan elevado valores. Son formas de vivir la vida, según su experiencia. Por ello usted es el responsable de escoger sus propios valores.

Cada hombre y mujer posee valores

Aunque no sea plenamente consciente de ello a cada momento, cada uno de nosotros posee una serie de valores que le sirven de guía. No importa nuestra procedencia social, económica o religiosa, poseemos valores que ordenan nuestras vidas.
El valor, por sí mismo, no es bueno o malo. El ser humano, al darle intención a sus actos, los conduce por la senda de lo adecuado o lo inadecuado, y con sus valores ordena o pierde su vida.
Para alguien un valor puede ser el respeto a la vida, para otra persona su valor puede ser la voluntad de arrebatarle la vida a otra persona. Ambos individuos están guiados por sus propios valores. Pero, necesariamente, existen valores que hacen crecer al individuo y otros que lo precipitan a la destrucción. Estos últimos podemos llamarlos antivalores.




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