Cuando hablamos de valores nos referimos a algo que nos
guía en la vida. Algo muy importante para todo lo que hacemos
y también para lo que no hacemos. Algo que, tal vez, no
podemos tocar, ver, oír o gustar materialmente. Pero que significa la
diferencia entre sentirnos bien o percibirnos terriblemente miserables. ¿Qué es
ese algo? Avanza y lo sabrás.
Los valores son luces en las oscuridades de la existencia. Nos permiten
ver salidas en los laberintos. En las noches tenebrosas, donde nos sentimos y
estamos solos con nuestros pensamientos y nuestros dilemas, nos anuncian el
día, como el gallo convoca la aurora.
En las decisiones más importantes nuestros valores constituyen una guía.
No deciden por nosotros pero nos ayudan a elegir lo mejor para nuestro ser.
Aunque lo que escojamos luzca difícil, arriesgado o incluso peligroso. Los
valores son principios que nos hacen mantener posiciones. Los valores nos
caracterizan como seres humanos.
A veces parece que los valores no tienen que ver con lo práctico, con lo
inmediato, con lo simplemente utilitario. Son percibidos, falsamente, como
entidades que no tienen nada que ver con nuestro mundo lleno de imperfecciones.
Pero esto tampoco es así. Los valores nos aportan soluciones aplicables
a los problemas más
inmediatos de nuestra cotidianidad.
En muchas ocasiones no logramos ver el camino para llegar hasta lo que
queremos. O no sabemos cómo transitarlo de la mejor manera, para nosotros y
para los que nos rodean. En esos momentos de incertidumbre los valores se
constituyen baquianos por los territorios que aún no hemos explorado en esta tierra y
por el resto del tiempo que nos queda de tránsito en el mundo.
Los valores son guías de la conducta de las personas.
Tal como lo dijimos, los valores constituyen un principio de conducta,
una manera de ser y hacer, una guía para nosotros en todos y cada uno de
nuestros actos. Como toda guía, nos muestran el camino, lo recorren con
nosotros, pero no sustituyen lo que debemos hacer. Los valores deben ponerse en acción.
Son guías de conducta, porque se van a expresar en actos concretos de
nuestra vida. Los valores no son simples formas de pensar alejadas de nuestro
trajín diario. Los valores se prueban, se nutren, se fortalecen o decaen en el
transitar del día a día.
Los valores no determinan el pensamiento único adecuado. No expresan la
verdad absoluta sino acciones adecuadas
en nuestra vida particular.
Son guías no materiales.
Nunca se constituyen en seres de carne y hueso, aunque podamos encontrar
personas que encarnan elevado valores. Son formas de vivir la vida, según su
experiencia. Por ello usted es el responsable de escoger sus propios valores.
Cada hombre y mujer posee valores
Aunque no sea plenamente consciente de ello a cada momento, cada uno de
nosotros posee una serie de valores que le sirven de guía. No importa nuestra
procedencia social, económica o religiosa, poseemos valores que ordenan
nuestras vidas.
El valor, por sí mismo, no es bueno o malo. El ser humano, al darle
intención a sus actos, los conduce por la senda de lo adecuado o lo inadecuado,
y con sus valores ordena o pierde su vida.
Para alguien un valor puede ser el respeto a la vida, para otra persona
su valor puede ser la voluntad de arrebatarle la vida a otra persona. Ambos
individuos están guiados por sus propios valores. Pero, necesariamente, existen
valores que hacen crecer al individuo y otros que lo precipitan a la
destrucción. Estos últimos podemos llamarlos antivalores.
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