miércoles, 18 de diciembre de 2013

EL RÉGIMEN DEMOGRÁFICO DEL SIGLO XVIII

¿Una revolución demográfica?
Desde mediados del siglo XVII el tema de la población había adquirido un interés creciente. Los demógrafos proporcionaban cálculos basados en las esta- dísticas de los impuestos y en los registros de nacimientos y defunciones. A partir del siglo XVI las parroquias de Londres publicaban semanalmente una relación de decesos y desde 1720 en Berlín se disponía de información parecida. Petty, King y Halley, en Inglaterra, fundaron la ciencia de la estadística de la vida.
En la historia de las poblaciones europeas se suelen distinguir dos grandes sistemas: un «antiguo régimen demográfico» y otro propio de la «revolución demográfica». El primero sería bien conocido para los siglos XVI, XVII y parte del XVIII, y el segundo correspondería a la segunda parte del siglo XVIII y al siglo XIX. Parece probable que el paso de una forma a otra no fue tan lineal como se ha querido dar a entender y que el contraste entre ambos modelos no operó de una manera clara hasta bien entrado el siglo pasado, además de ostentar notables diferencias regionales. Sin duda, sería más conveniente hablar de «transición» hacia un nuevo comportamiento demográfico que no de revolución.
De hecho, los historiadores han calificado el siglo XVIII de época de «revolución demográfica». Con todo, los cálculos estadísticos eran notoriamente insuficientes. Los había de dos clases: se basaban en los registros parroquiales de nacimientos, matrimonios y defunciones o sobre un censo, un recuento de cabezas, raro antes del siglo XIX. Recordemos que los registros parroquiales en Inglaterra y en Francia datan de la década de 1530; en Noruega y Suecia de la de 1680, y en Rumania -parte del territorio otomano- del siglo XVII en el caso de los protestantes y del XVIII en el de los griegos ortodoxos. Los primeros recuentos nacionales conocidos, basados en los registros, fueron realizados en Austria en 1695 y Prusia en 1775.
Los suecos, en 1748, los regularizaron anualmente y los franceses los imitaron en 1772. Aun así, el tipo moderno de censo era una cuestión más sofisticada y complicada, y se retrasó un tiempo. Las causas fueron diversas y la falta de conocimientos técnicos, la oposición de los que temían que el censo pusiera en peligro la seguridad nacional, la moralidad pública o la libertad individual no deben ser desestimadas. El primer censo regular apareció en Francia y Gran Bretaña en 1801.
Pese a esta circunstancia que acabamos de enumerar de la escasez de las fuentes preestadísticas cuando no a su ausencia, estimaciones serias permiten apuntar un crecimiento no despreciable de la población mundial. Se pasaría de 450-470 millones a mediados del siglo XVII acerca de 700 a mediados del siglo XVIII ya 900 ala vista del siglo XIX.

No hay comentarios:

Publicar un comentario