Conquista y colonización de América
La conquista
y colonización de América se
refiere al proceso histórico por el cual diversas potencias europeas conquistaron y establecieron sistemas de dominación colonial
en el continente
americano, desde finales del siglo XV hasta el siglo XIX. Este proceso implicó la desaparición de los grandes
imperios americanos, particularmente el Imperio inca y el Imperio azteca, así como el colapso demográfico
de la población americana. Simultáneamente, las potencias
coloniales impusieron el uso generalizado de idiomas europeos en América,
principalmente el español, el inglés y el
portugués.
Antecedentes históricos
América fue poblada y ocupada
en toda su extensión, muy probablemente por culturas asiáticas que ingresaron al
continente por el área de Beringia, en el norte. La población americana, realizó dos revoluciones
neolíticas originarias, en Mesoamérica y en Norte Chico (Perú), que expandirían culturas agro cerámicas por todo el continente
y generarían dos grandes centros de alta civilización. Las culturas y civilizaciones en América surgieron y se desarrollaron
sin contacto con las culturas y civilizaciones africanas, asiáticas y europeas,
por lo que resulta adecuado hablar de la existencia de dos mundos: los llamados
"mundo antiguo" (africano, asiático y europeo) y "nuevo
mundo" (americano). Las culturas mesoamericanas habían denominado a la
tierra que ellos alcanzaron a conocer con los nombres de Abya Yala o Cem Anahuac.
Se sabe de la existencia de los restos de un efímero asentamiento vikingo en el ártico canadiense.
Por esta razón en los Estados Unidos, se celebra como fiesta nacional, el día
del explorador vikingo Leif Eriksson, en memoria de los primeros noruegos en arribar a los Estados
Unidos de América.
Colonización española de América
En contraposición de otros colonizadores a lo largo de la
historia como ingleses, portugueses u holandeses los colonizadores españoles
desde un primer momento aceptaron a los indígenas como personas dotadas de alma
y por ello centraron parte de su esfuerzo en adoctrinarles y convertirles a la religión,
la cual creían salvaría sus almas, la católica.
El papa Alejandro VI, en sus bulas Inter Caetera estableció la
obligación de la Corona de Castilla de convertir a todos sus súbditos,
incluidos los amerindios, al cristianismo, en su vertiente católica romana. Las
tareas para lograr la conversión se realizaron mediante una gran variedad de
procedimientos y una considerable cantidad de misioneros de distintas órdenes
partieron de España hacia América a tal fin.
Los métodos adoptados para obtener la conversión fueron muy
diversos. Una de las fórmulas empleadas para la cristianización de los indios
fue la conocida como doctrina; se trataba del compromiso adquirido por el
conquistador para que fueran evangelizados (adoctrinados) todos los indígenas
que le habían correspondido en sus repartimientos; los niños debían recibir las
enseñanzas religiosas todos los días y los adultos tres días a la semana. El
convento fue el centro neurálgico de la evangelización y en torno a él se
configuraron numerosas poblaciones. En él atendían los religiosos a las
necesidades espirituales de los nuevos cristianos al mismo tiempo que a las
materiales, ya que junto a las dependencias de culto y habitación de los
frailes, disponían de enfermerías, escuelas y talleres. Los mismos misioneros
desempeñaron un importante papel en la aculturación del indígena, al poner un
especial empeño en su incorporación a las actividades artesanales de tradición
europea, como parte destacada de su educación.
Con la llegada de los europeos cristianos a América, se originó un
intenso debate teológico y legal sobre la naturaleza de sus habitantes para su
incorporación, expulsión o destrucción.
Colonización francesa de América
Los procesos de colonización francesa se iniciaron a principios
del siglo XVII. Durante el siglo
anterior, los franceses habían intentado infructuosamente asentarse en
territorio norteamericano y, a pesar de las
dificultades, durante el siglo XVI los barcos pesqueros
franceses visitaban con regularidad la costa atlántica del norte del continente.
Esto venía motivado principalmente por la demanda de pieles en los mercados europeos y, por ello, los comerciantes franceses iniciaron un lucrativo
negocio con los aborígenes norteamericanos. A principios del siglo XVII, Samuel de Champlain fundó puestos comerciales en Nueva Escocia, Annapolis y Quebec(primera colonia francesa, fundada como parte de una factoría
peletera) en la actual Canadá. Champlain no dudó en apoyar a sus aliados comerciales,
los hurones, en sus guerras con otros pueblos indígenas del este de
Norteamérica. Otra colonia francesa fue fundada en Montreal, desde donde comenzó la
exploración de la zona de los Grandes Lagos y del río Mississippi por parte de René Robert Cavelier de
La Sallé. A diferencia de los primeros colonos ingleses, que se
quedaron en las costas y utilizaron intermediarios para comerciar con los
indígenas, los franceses se adentraron en los bosques con la intención de
ampliar las fronteras comerciales y religiosas con los nativos. Por ello, para
la primera mitad del siglo XVIII había establecimientos
franceses en Detroit, Niágara,Kaskaskia y Cahokia, en los territorios de Illinois y Nueva Orleans, en los actuales Estados Unidos de América. Estos puestos le proporcionaron a Francia el control de un
territorio que se extendía desde Canadá hasta Luisiana. Esto influyo en el desarrollo de todo el continente.
El gobierno francés también fomentó el establecimiento de
colonias en el Caribe: en el transcurso del siglo XVII, conquistó las islas de
Saint Christopher, Saint Croix, Saint Bartholomew, Grenada, Saint Martin,
Tortuga, Marie Galánte y la parte oeste de La Española que se llamó Saint
Domingue (Haití).
La importancia de las colonias francesas fue básicamente
económica y militar. Se encontraban cerca de las principales rutas de
navegación españolas, lo que permitía interceptar sus barcos y establecer
comercio. Las islas francesas tenían una economía conocida como "de plantación", basada en la
producción y exportación de azúcar, algodón, cacao y tabaco. Por otro lado la mano
de obra esclava también generaba grandes
ganancias. Eventualmente las colonias francesas tuvieron mayor población
esclava que blanca, uno de los factores que favorecieron su prosperidad
económica.
El régimen
colonial francés
Originalmente las instituciones administrativas
del régimen colonial francés se asemejaron a las del inglés, ya que los
contratos comerciales de colonización otorgaban gran libertad a los corredores de los bosques, como llamaban a los cazadores de pieles
preciosas. Con el tiempo esto cambió, y se nombraron gobernadores que
disfrutaron de prerrogativas similares a las capitanías generales del Brasil (véase "Colonias
portuguesas en América")
o los adelantados y primeros gobernadores de las colonias españolas. Sin
embargo, para la segunda mitad del siglo XVII se impuso un régimen
centralizado; más acorde con las ideas de Luis XIV, rey
absolutista: Canadá fue convertida en provincia francesa, bajo el mando de un gobernador
general supeditado al monarca, y el territorio fue dividido en señoríos que se
otorgaron a nobles de la corte. Estos señoríos se subdividían en parroquias
bajo la autoridad del cura o párroco y del jefe militar. Numerosos intendentes
o funcionarios con poderes militares, fiscales y judiciales mantenían el rígido
centralismo de la metrópoli francesa. Ese mismo régimen se impuso en las otras
colonias francesas a partir de esta época.

No hay comentarios:
Publicar un comentario